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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Copiar y Pegar. Más sobre la Piratería.

(Como continuación del debate acerca de las descargas de obras intelectuales desde internet, debajo transcribo textualmente la presentación/reseña publicada en internet de libro ‘Copia este libro’, crónica de una batalla sin cuartel, escrito por David Bravo, junto con enlaces para descargar ese misma obra. La he leído y recomiendo enormemente. Habla sobre el tema de la piratería y sobre el porqué de la propaganda en contra de la misma desde los medios de comunicación y otros organismos. Siempre explicando de manera amena, humana y, sobre todo, con mucho humor, lo que la hace entretenida sin volverla superficial.)

 

‘Copia este libro’, crónica de una batalla sin cuartel


En tiempos de guerra resultan imprescindibles crónicas hechas desde la primera línea del frente. Y esto es ‘Copia este libro’, una crónica detallada, centrada principalmente en el ámbito español, de la guerra por la propiedad intelectual, o más bien, contra la propiedad intelectual. Y como toda crónica hecha por quien milita en un bando, no pretende ser ecuánime, y no lo es.
Bien es cierto que en época de guerra casi nadie puede ser ecuánime, o se está de un lado, o del otro, quienes nadan entre dos aguas acaban ahogándose. La obra de David Bravo repasa la situación actual de la batalla de la propiedad intelectual con todo lujo de detalles. Bravo, un joven abogado sevillano en ejercicio, es una de las figuras que se ha hecho notar en este enfrentamiento entre los defensores del modelo institucionalizado de producción cultural (sociedades de gestión como la SGAE, discográficas, productoras de cine, etcétera) y quienes reclaman un nuevo marco, un nuevo modelo para la difusión y el acceso a la cultura que se ajuste a los tiempos que vivimos. Bravo pone en negro sobre blanco, con una profusión de ejemplos, el absurdo al que llega el ejercicio que se hace de la propiedad intelectual, como impedir que en una película se silbe el himno La Internacional socialista si no se abonan previamente un pago por los respectivos derechos de autor.
Queda más que patente la perversión del tinglado empresarial que hay montado en torno a la cultura, y cómo quienes se erigen en defensores de esta (discográficas, editoriales, etcétera), en realidad tratan de mantener intacto su particular modelo de negocio y beneficios. Un sistema montado sobre un desequilibrio manifiesto en el que las empresas sacan la gran tajada y los autores sólo recogen las migajas, un sistema basado sobre el arquetipo del superventas, la única forma de negocio que entienden las empresas de producción cultural, muy especialmente discográficas y productoras de cine, cuenta Bravo con detalle.
Recorren la obra de Bravo varias tesis, entre otras el absurdo del concepto mismo de ‘propiedad intelectual’. Y sobrevuela el texto la idea de que el sistema empresarial de la cultura divide “el panorama cultural en productores y consumidores. Unos crean, otros compran.”. Es la idea principal que defienden también otros autores como Lawrence Lessig y su organización Creative Commons, para quienes la maraña legislativa y burocrática de los derechos de autor asfixia las posibilidades de creación de los ciudadanos.
Si bien la idea fundamental de Lessig es que el copyright debe ser lo suficientemente flexible para permitir que los ciudadanos participen de forma activa en la cultura y puedan remezclarla, tomar una canción y versionarla, coger una foto y editarla, Bravo se centra más en la necesidad de asegurar el “derecho al acceso a la cultura” de los ciudadanos. Un objetivo más mundano, pero sin duda más realista que el de Lessig, y con el que la mayor parte de los ciudadanos sentirán una mayor identificación .
Es especialmente interesante cuando Bravo señala el giro radical que se produce cunado las leyes de propiedad intelectual comienzan a afectar la forma como los mismos ciudadanos usan la cultura: “los ciudadanos no eran los destinatarios de las obligaciones y prohibiciones de los derechos de autor porque la posibilidad de reproducir obras intelectuales no estaba en sus manos”. La llegada de las máquinas para hacer copias (fotocopiadoras, grabadoras de casete y cinta, etc.) hicieron saltar por los aires esta situación. La irrupción de Internet y el universo digital ha provocado el cataclismo.

Ante la situación actual no queda más remedio que buscar alternativas. Frente a las posturas extremistas de quienes se enrocan en el modelo establecido de la industria tradicional, y las de quienes ingenuamente pugna por una abolición de la propiedad intelectual que dejaría desarmados a los autores frente a los mismos conglomerados mediáticos que ahora les tienen prisioneros, Bravo propone reconoce la necesidad de un modelo que permitan a los autores obtener una remuneración y a los ciudadanos acceder a la cultura. En todo caso, teniendo en cuenta, que ni “las leyes restrictivas, las jaulas y las coacciones preservarán la creación”, porque “la cultura solo puede defenderse compartiéndola”
Y conforme a esta idea el libro puede descargarse gratuitamente en Internet y comprarlo también impreso en papel. Quizás haya lectores a quienes pueda resultarles demasiado detallado y localista el relato de Bravo, pero lo cierto es que será de gran interés para los iniciados en estos temas al corriente de la situación en la batalla por la propiedad intelectual, para los nuevos en el asunto puede ser una buena forma de acercarse a él.
En tiempos de batalla, siempre es de agradecer que haya quien se tome la molestia de parar en el fragor del combate a recordar cuáles son las razones por las que se lucha.


‘Copia este Libro’
David Bravo
Editorial Dmen SL
9.95 euros

Descargas en Internet:
‘Copia este libro’ (Formato PDF)
‘Copia este libro’ (Formato PDF)
‘Copia este libro’ (Formato RTF)
‘Copia este libro’ (Formato eReader)

jueves, 4 de noviembre de 2010

Un humano como cualquier otro


(Abstenerse las personas fotosensibles)
Argentino como cualquier otro, es lo que Ginóbili (Aquí, querido lector, ponga el apellido de la estrella deportiva que Ud. desee) es. Por qué pasan más en los medios de comunicación sobre sus "hazañas" en la NBA, que prácticamente sobre todos los demás deportistas de todos los demás deportes? (Descartando a Maradona, por supuesto, que ya hace tiempo superó la categoría de “deportista” a secas)
Ha sido imbuido de un manto de misticismo que lo cubre y lo llena de atributos que esta sociedad necesita, pero que como única manera de hacerlos existir, posee nada más que esta forma de la que hablamos: La proyección. O, lo que es lo mismo, cubrir determinados personajes escogidos por azar (o capricho de quienes ostentan el poder de hacerlo1), con sueños y esperanzas comunes, y de igual manera, alimentarse de los logros de esos pocos “elegidos” y tomarlos como (falsos) propios... ¡Por eso significan tanto, por ejemplo, los mundiales de fútbol en nuestro país! Y por eso, aquella final contra Inglaterra tuvo tanta trascendencia: porque nos ha ganado una guerra, ...pero nosotros, ¡necios! ...nos alegramos de ganarles un mundial...
Tiene mucho que ver, este tema de los mantos de misticismo, con nuestra infancia:
En la primera edad, cuando aprendemos que somos personas individuales (que no somos uno con nuestra madre, que podemos movernos con cierta independencia), clasificamos los objetos separada e independientemente de sus categorías convencionales, me explico: de grandes, tenemos una categoría que encasilla todos los “elementos que tienen determinado número de patas, son planos, y que sirven para trabajar, comer, y otras yerbas...” y dicha categoría es “MESA”. Pero los niños más pequeños no conciben las “mesas” como todas pertenecientes a una misma categoría globalizadora, sino que las comprenden como mesa-mía, mesa-de-Carlitos, mesa-de-la-cocina, etc., etc., etc., ... Y así con todos los objetos: juguetes, ropas, perros, autos, padres...
Irrisoriamente, ya de grandes, volvemos a comportarnos de igual manera: Con Ginóbili, Maradona, Borges, Fangio, Gardel... y nos pasa eso en gran medida porque como Sociedad, somos tratados cual niños2. Ellos son/fueron, antes que ninguna otra cosa, ellos mismos! Debemos darnos cuenta de que nuestros amigos, nuestros ídolos, adversarios, referentes, ..., son seres humanos como cualquier otro! (y no solamente “de palabra”, no tenemos que entenderlo, sino que nos tiene que “caer la ficha”, como quién diría... porque una cosa es saberlo y otra cosa es “darse cuenta” de ello). Pues no es tan común, a pesar de que parezca lo contrario, que cada uno se dé cuenta de que la persona que más ama -u odia, o lo que fuera-, antes de ser "esa-persona-relacionada-a-mí”, es, ella misma, un ser existencialmente autónomo, para ella misma, recién después de eso es mi ser amado... u odiado... o admirado... o lo que fuera! Creamos lo que creamos, a veces nos salteamos esta realización como parte del proceso evolutivo de nuestra psiquis.
Por lo tanto, cuando hablo de que Ginóbili (repito, léase Nalbandián, Messi, etc., de acuerdo al gusto del lector) me tiene con las bolas por el piso, me refiero a que pareciera que los medios explotan la inmadurez de sus espectadores, de su audiencia, o lo que más se le parezca, según el caso... y me joden cosas como la idolatría, o el silencio de los medios respecto de los demás casos del deporte pero en la Argentina: no divulgan las acciones de los deportistas que, a duras penas, pueden llegar a fin de mes trabajando en cualquier cosa menos de su vocación, ¡no! y en lugar de eso, hacen hincapié en el seguimiento de los deportistas que son multimillonarios, contribuyendo al mundo irreal que se forma en las cabezas de quienes consumen ese tipo de prensa... esa que se pelea por decir, antes que otras, que Ginóbili es “¡el mejor deportista argentino!”.
No, no es envidia. Ni siquiera me gusta el deporte (más que jugar uno que otro partido de paddle, o ajedrez, o despejar mi cabeza con un trotecito esporádico)... Pero fíjense qué fácil que es: Al llegar las olimpiadas y darnos cuenta de que a pesar del potencial que tiene el deportista argentino (será por su sangre tan mezclada, por su costumbre de pelear por lo que quiere, única manera de lograr lo que uno se propone acá en nuestro país), a pesar de ello, no salimos ni cerca de los primeros puestos entre los países que más medallas de ganan (que no es lo mismo que sacar unas pocas medallas) ...¡y nos quejamos!
Quejarse. Lejos, una de las cosas que mejor sabe hacer el argentino promedio...
No nos dejemos engañar más: Ginóbili no es el deporte argentino. Ni lo representa.
El deporte argentino está representado por las personas aficionadas que sudan hasta la última moneda que les permitirá viajar para competir en el extranjero. El deporte argentino es tener todo el potencial y NO LOS MEDIOS. El deporte argentino no es un solo individuo ganando millones de dólares -o euros- en publicidad, auspicios y demás yerbas, sino las delegaciones que tienen que andar limosneando en las casas de gobierno de la provincia o del Estado para que les subsidien los viajes, o vendiendo empanadas puerta por puerta como mucho! El deporte argentino no son los pumas, los que reciben un aporte multimillonario por parte de sus auspiciantes, y que juegan en todo el mundo -desparramados claro- sino los amateurs, que son llamados así no porque no tengan la capacidad ni el conocimiento, sino porque no tienen la posibilidad de dedicarse sin impedimentos monetarios, tiempo completo a su pasión.
Leo acá y acullá que Ginóbili es el mejor deportista argentino de los últimos tiempos (después de Maradona, claro, ¡tampoco es cuestión de ser hereje!). Bien. Lo acepto. No como vidrio. Juega bien, lo he visto... pero, oh, detalle...: ¡¡¡ya es multimillonario, vive en EEUU y ni siquiera juega para nosotros en los mundiales!!! ¿En qué medida, con qué parámetros puede, a estas alturas, compararse con un deportista nacional promedio? ¡Seamos sinceros con nosotros mismos!
¿Por qué no cubrir la trayectoria: de "nuestros chicos" que se quedan acá aguantando las inclemencias del "tiempo"?
Ginóbili y todas las "demás estrellas" que se van del país, no lo hacen para dejar bien al deporte argentino, para demostrarles al resto de los países lo bien dotada que está la Argentina de buenos deportistas, científicos, artistas, o demás... NO. Lo hacen por puro interés personal.
Y no está mal.
Pero no compremos el paquete que nos quieren vender estos medios de los que hablo.
Nuestros chicos, los deportistas que no tuvieron la suerte de los demás "viajeros", no pueden ser profesionales no por falta de talento, sino, por sobre todas las cosas: por falta de auspiciantes, por falta de fondos, y esa es la verdad. Y otra verdad es que si los grandes medios les dieran la cobertura que se merecen, los fondos aparecerían al instante... pues lo que los que publicitan en las remeras y raquetas, en los kayaks y los cascos, lo que quieren es que su producto salga en los medios. Prácticamente podemos decir, en base a la argumentación precedente, que los culpables del estado ruinoso del deporte argentino actual (descartando el fútbol, y aun en él, determinados círculos escogidos...) en gran medida, son los medios de comunicación.
Es un maldito círculo vicioso: Si los medios se concentran únicamente en la campaña de dos o tres equipos de fútbol, una selección de rugby y otra de hockey, un par de basquetbolistas y tres o cuatro tenistas, es lógico en extremo que una publicidad en alguno de estos entornos será de costos millonarios, mientras que todos los demás sectores del deporte permanecerán desiertos... pero sí los medios cubrieran muchos más deportistas de muchos más deportes, empeñándose de igual manera que lo hacen con Ginóbili, por ejemplo, (salvando las distancias de quien mucho abarca, poco aprieta), todos ellos tendrían auspiciantes en mucho mayor grado del que hoy tienen. Se terminarían anécdotas como la del maratonista muerto de hambre que atiende la zapatería del padre medio día, y el otro medio, se la pasa corriendo como inmigrante ilegal en busca de ese sueño de competir profesionalmente, con auspiciantes y todo!
Por más estúpidamente obvio que suene:
¿Cuándo entenderemos que NOSOTROS SOMOS NOSOTROS, y LOS DEMÁS, LOS OTROS?
Dediquémonos a nosotros mismos, sin perder el tiempo en chismes (de barrio, de la NBA, es igual!). Seamos. Seamos. Seamos.
Ginóbili es como cualquier otra persona, por qué cargarlo tanto con ansiedades, esperanzas, sueños, responsabilidades, y connotaciones varias de todo tipo. Al igual que todo el mundo... ¿por qué no abocarnos a nuestra vida y dejarnos de joder? ¿Por qué no perfeccionarnos a nosotros mismos, en lugar de identificarnos falsamente con la supuesta perfección o el concreto éxito de El Otro? ...A lo sumo, debiéramos utilizar su figura sólo como ejemplo, pero no veo que se esté haciendo eso: en su lugar, los medios los reifican a estos deportistas. No hay conciencia. Nos quedamos aceptando ese semidiós, como nabos, frente al televisor, y no hacemos nada.
Maduremos, sepamos quiénes somos y démonos cuenta de que El Otro es eso: El Otro, y nada más (pero tampoco nada menos). Démonos, cooperemos, construyamos, boguemos por el progreso EN ESTA PARTE DEL MUNDO y dejemos de absorber sin más lo que nos mandan...!!!!!!!!!
Los medios masivos de comunicación son condicionables. Ya hemos dado un ejemplo. Sólo (en general) quieren dinero. Ergo, producirán lo que "venda". Por lo tanto, si dejamos de consumir basura, dejarán de producir basura!!!! Basta de echar la culpa al vecino...
ABRE LOS OJOS.
1Pero muy poco determinado por su mérito real, ya que cualquier deportista esforzado lo merecería, si nos ponemos a pensar en serio, y no sólo un par de cada mil...
2No, queridos lectores, no me estoy olvidando de la cuestión del Pertenecer (por medio de un objeto de Referencia a un grupo determinado), pero es que en este textito sólo quiero abordar el tema anterior... Esto da pie para una conversación mucho más larga, pero por ahora démonos cuenta que es así y las evidencias de que lo toman a uno por infante surgen al observar prácticamente todas las publicidades, los programas de entretenimiento, los discursos políticos... Si uno utiliza media neurona, enseguida descubre que insultan su inteligencia a diestra y siniestra.

lunes, 19 de julio de 2010

En defensa de la Soberbia


(...y en contra de la arrogancia, la falsa humildad y otras pestes)

...un viento en el viento,
...una declaración de guerra,
...un ensayo hijo del cansancio.

por Diego M. Maldini Freyre.

Aclaración previa importante:
Nunca está de más repetir que la inmensa mayoría de las polémicas, debates, discusiones y desacuerdos, son ocasionados tanto por nombrar diferentes cosas o fenómenos con la misma palabra, como por hablar de lo mismo empleando diferentes conceptos. Me atrevo a sostener que sólo una ínfima porción de los desacuerdos, son verdaderos desacuerdos: No debemos confundir "comprender al otro-y-estar-en-desacuerdo", con no comprenderlo (a raíz de la dicotomía anterior, aun cuando se piensa que se lo comprende y que se está en desacuerdo con él) Es por eso que aunque muy pocas veces se realiza, cada ensayo o argumentación debiera contener en sí misma la explicitación de las interpretaciones y acepciones escogidas por el autor para cada caso en cuestión. Esta vez, lo haré:
Las palabras tienen sentidos negativos y positivos, según quien las emita y en qué contexto. Y no es necesario que nos refiramos a palabras con inmensa carga ideológica como Anarquismo o Dios (entre otras), puesto que incluso palabras en apariencia neutras como Ingeniero o Intelectual, pueden contener connotaciones opuestas, nuevamente, dependiendo de por quién, cómo y en dónde sean pronunciadas. Siguiendo la misma línea, tanto Soberbia como Orgullo puede tener significados divergentes: ambas pueden ser interpretadas tanto positiva como negativamente.
A falta de una mejor posibilidad de puesta en situación o de comprensión efectiva entre quien escribe esto y quien ahora lo lee, debe permanecer claro que, respecto de Soberbia y Orgullo, argumentaré en favor de sus acepciones positivas, partiendo, en principio, de sus acepciones neutras, es decir, del sentido puro y objetivo -todo lo más que se pueda- de la palabra. En contrapartida, observo que Arrogancia adquiere en casi la totalidad de sus interpretaciones, una clara connotación negativa, es por eso que en este artículo la utilizaré en oposición a Soberbia. Por lo demás, no hace falta aclarar al lector que, antes de opinar, llegue hasta el final del texto, por respeto a quien escribe. Luego de ello, con mucho gusto, aceptaré e incluso incentivaré y, por supuesto, contestaré, sus críticas.
Cuerpo:
Descartando a aquellos “iluminados” que son sinceramente humildes(1), a nosotros los intelectuales -sí: me considero un “intelectual”- muchas veces nos tildan de arrogantes, mayoritaria y no casualmente, quienes no son intelectuales -y, sí: me han tildado muchas veces de “soberbio”, “arrogante”, etc.. Es verdad que muchos intelectuales lo son, pero lo cierto en este asunto es que las personas en general suelen confundir arrogancia con soberbia. Son dos cosas distintas, tanto en sus causas como en sus consecuencias y por ello viene al caso, en este artículo, escribir al respecto...
Para corregir la despistada crítica de la que hablamos, aconsejo prestar atención al siguiente texto entonces, pues contiene ideas diferenciadas de manera muy sutil y es sobre esa sutileza que se sostiene su argumento principal, así como la razón misma de la equivocación generalizada: esa equivocación que va del tipo “me tenés harto, siempre hablás como si te las supieras todas y yo fuera un pobre ignorante” o del tipo “no sé quién te creés que sos, pero te digo que no sos superior a nadie por más intelecto que tengas”...
Voy al grano: Básicamente, lo que se suele confundir con soberbia no es sino la seguridad acentuada y sólida que proyecta un intelectual promedio al pronunciarse sobre una cuestión determinada, ya sea para defenderla, combatirla o criticarla constructivamente; me explico: es la confianza que da haber llegado a una conclusión(2) al respecto de algo, sólo después de haber dado “varias vueltas más al asunto” de las que generalmente le daría una persona que no viveen -nide- su intelecto(3)y, desde ya, empleando mejores herramientas intelectuales que el promedio de las personas. No hablo aquí de Coeficiente Intelectual, sino de los instrumentos cognitivos conseguidos con esfuerzo, constancia e investigación ininterrumpida. Mi observación detenida de los intelectuales notables y reconocidos indica que, con algunas diferencias de grado, la gran mayoría de ellos asume la misma actitud, y así, muchos son criticados destructivamente. Pero, repito, no es arrogancia, sino autoconfianza,
El párrafo anterior, bien lo sé, me traerá innumerables críticas de todo el espectro ideológico y disciplinario, pero eso no hace más que reforzar lo que estoy diciendo. ¿Cómo me defiendo? Fácil, mi respuesta es instar al crítico a que imagine la actividad intelectual como equivalente a cualquiera otra actividad respecto a la técnica. Ante igualdad de circunstancias (léase coeficiente intelectual, disposición anímica, potencial físico, contexto de desarrollo, etc.), ¿Quién cree Ud. que arreglaría mejor una cañería: un plomero o un analista de sistemas? ¿Quién cree Ud. que ganaría un partido de fútbol: un futbolista o un ingeniero? ¿Quién cree Ud. que daría más ganancias a una empresa: un administrador de empresas o un entrenador de perros? Y así puedo seguir hasta el hartazgo, hasta caer en el debate que inició Platón con su República, acerca de cuál sería el mejor de los gobiernos..., ...pero creo que ya he dado a conocer mi punto. Repetimos aquí, pues es crucial para el caso, que lo que sostenemos se evidencia en que quienes suelen tildar de arrogantes a los intelectuales, suelen no ser, valga la redundancia, intelectuales. Lo que quiero decir, es que, el intelectual vive en el discurso y por eso se siente más cómodo en él, ya sea disertando o debatiendo, mientras que los demás mortales suelen no poseer las herramientas discursivas ni la práctica necesaria para sostener discursivamente una postura de soberbia con fundamentos (aunque en sus respectivos campos sientan una seguridad y comodidad equivalente a la del intelectual en su discurso). Nótese que, por el contrario y ya sea consciente o inconscientemente, entre los intelectuales se produce una comprensión tácita radicada en esa identificación de la confianza del otro y entonces se suele “respetar” -con ciertas salvedades pero sin concesiones- esa soberbia en el otro, focalizándose automáticamente la atención en el contenido más que en la forma, filtrando lo que se necesita, o lo nuevo, o sencillamente, ignorando la actitud ¿necia? del emisor.
No confundamos, sin embargo, soberbia con fanatismo. Lo segundo no tiene nada que ver con este ensayo.
Fin de la Primera parte. (Sólo a partir de las críticas y los comentarios que reciba(4), es que daré lugar a la segunda parte, encaminada hacia donde sea necesario, pero siempre, en defensa de la Soberbia)
(1): Postura que deberemos analizar más adelante con mucho cuidado y detenimiento, ya que en la inmensa mayoría de los casos, suele estar condicionada, y hasta determinada, por una religiosidad y/o una moral más fuertes que la razón que se pueda tener y que van más allá de las verdades esgrimidas (por eso lo de “ilumiados”, en clara contraposición a los que desarrollaron su conocimiento mediante la investigación y acumulación de instrumentos cognitivos). Por tal motivo, dejo fuera de esta primera argumentación a los humildes sinceros y a los -que más adelante también, distinguiremos- falsos humildes.
(2): Entendiendo aquí por "Conclusión": a la Resolución Temporaria, -y siempre- Falsable, inferida desde y sobre un determinado tema, analizado a partir de información manejada con anterioridad por dicha persona o desarrollada (racional o empíricamente) en ocasión de dicho análisis; más la inevitable y subyacente toma de postura respecto del tema en cuestión y a raíz de dicha Conclusión.
(3): Fácilmente podríamos argumentar que en definitiva todos “vivimos de nuestro intelecto” en la medida en que necesitamos sortear obstáculos para alcanzar nuestros objetivos cotidianos, sean cuales sean las circunstancias y dediquémonos a la actividad que nos dediquemos, pero a lo que particularmente me refiero, con la expresión “vivir en y del intelecto”, es a las personas que viven en el lenguaje discursivo y social, empleando la mayor cantidad de su energía y tiempo en el universo de las ideas y lo cognitivo, o que desarrollan su actividad en el ámbito intelectual (no confundir aquí lo cognitivo individual intelectual, con la esfera social de lo intelectual, léase: periodismo puro, actividad editorial o científica -en referencia a las ciencias duras-, etc.). De modo que deportistas, cocineros, programadores de sistemas informáticos, comerciantes, músicos y todos los demás, quedan fuera. Lo siento.
(4): Me atrevo a decir que el 95% de ellos será negativo, pero espero que quienes piensen de manera similar a la mía, lo hagan conocer también, así los demás se dan cuenta de que no estoy solo... muchos de ustedes saben de quienes hablo, y a muchos otros directamente no los conozco, pero también cuento con ustedes...

sábado, 29 de agosto de 2009

UNASUR vs. Disney "Colombia" World

Aquí tienen algunos videitos que dan cuenta de lo que verdaderamente pasó en la Cumbre. (Más allá de las estupideces que resaltan los medios estupefacientes esos que tenemos...)

Entre tanta disertación aburrida de mandatarios que mucho hablan y poco dicen (con nuestra Presidente de abanderada), da gusto oír pasajes muy concisos y directos, pero sobre todo verdaderos como este (hacer click aquí) del Presidente Lula Da Silva (sobre todo lo que plantea en los minutos 2'00'', 3'30'', 6'00'', y 6'30'', un pasaje más interesante que el otro) y este (hacer click aquí), importantísimo también, del Presidente Correa (aquí, sencillamente, no sólo recomiendo TODO el estracto, sino también los tres que lo preceden: 11, 12 y 13, de la serie, en donde tiene durante todo el rato a Uribe entre las cuerdas, y claramente, con toda razón); ...si hasta en el minuto 4'25'', habla de nuestras Malvinas este Correa ("cariñosamente") que muchos tratan de charlatán y que en realidad, es el menos charlatán de todos los presidentes que se sentaron en esa mesa...

lunes, 29 de octubre de 2007

Hasta cuándo lo menos peor?

Casi, casi hoy (es decir, ayer), Argentina, eligió Presidente.

La tendencia inexorable de los sistemas partidarios a nivel internacional es la formación de dos fuerzas (sean de un solo partido, alianzas formadas por dos o tres partidos, o frentes, formados por varios partidos menores) - "centro-izquierda" y "centro-derecha" -, que se disputan el poder mediante la utilización de diferentes "maquillajes", en un intento por disimular la farsa que implica querer diferenciarse uno del otro, siendo prácticamente equivalentes...

Esta situación, esta tendencia predominante del panorama mundial, tiene sus orígenes en causas de las que no hablan los libros de ciencia política, pero sí, "Poesía en Demasía (e Idearios semi-Libertarios)"...

Los libros de política tratan, como es de esperar, de política... tal vez con una pizca de sociología, sí, seguro... pero prácticamente nulos son sus contenidos respecto de filosofía antropológica (bueno, está bien, sociología teórica). He allí su falencia. Los textos actuales de política ya no son como Filosofía del Derecho de Hegel, o el Leviatán del Hobbes. Hoy por hoy, prima el utilitarismo con amplio margen (más o menos un margen tan amplio como el que acaba de llevar a Cristina F. de Kirchner a la presidencia) y ya a nadie le interesan los análisis profundos acerca de la naturaleza humana que lleva al comportamiento del "zoo politikón" aristoteliano(del hombre político).

Basta de introducciones: Irreversiblemente, pareciera, tienden a configurarse dos fuerzas principales porque los individuos que conforman la sociedad quieren (queremos, sí, está bien, queremos) formar parte de las decisiones, al nivel que sea, uno, como integrante de un grupo, necesita saberse parte del mismo. Es por eso que, finalmente, sólo quedarán - si no revertimos el proceso - dos agregados políticos que, entre sí, serán homogéneos (prácticamente pares, diferenciándose sólo con las palabras que utilicen para cosechar votos), pero heterogéneos hacia su interior.

Por un lado, cada ciudadano ansía votar al candidato que ganará (nótese el curioso giro de esta oración, en oposición a esta otra que hubiera usado otro analista: "cada ciudadano ansía que gane el candidato que vota"), por la necesidad de sentirse parte integrante; y por el otro lado, los Partidos políticos, o tienen vocación de Poder, o - digámoslo de una vez por todas: - son una mentira!!! de modo que, (cansados de que pasen los años y ellos ni una banca en el Parlamento...) se van corriendo hacia posturas más abiertas, que les posibiliten más "oportunidades".

Conclusión, cansados de quedar fuera del proceso democrático - por decirlo de alguna manera -, tanto los individuos, como los partidos políticos, se van concentrando en (o dirigiendo hacia)el centro. Pero, antes que especulación, o mera logística - por parte de los partidos - lo que determina este movimiento, como ya dijimos, es la naturaleza del hombre, que lo insta a saberse existente, no solo, acompañado...

Esta postura podrá parecer trillada, pero no lo está: quienes han hablado con anterioridad de este movimiento hacia el centro (como ejemplo magistral, propongo a Giovanni Sartori, en su libro "Partidos y sistemas de partidos"), lo han hecho con una perspectiva partidaria, es decir, atribuyéndoles las causas de dicha tendencia, a estrategias de los partidos políticos, pero no al ciudadano, que es en definitiva quien verdaderamente opera como raíz del problema...

Como corolario de lo anterior, propongo que dejemos a un lado el primitivismo de votar siempre a uno de los dos idiotas que van primeros en las encuestas (nefastas que construyen Opinión Pública más que divulgarla) sólo para tener participación. Votemos al partido que realmente nos representa (en el sentido de que "patée para el mismo lado", defienda nuestros valores, dé cabida a nuestros intereses, manifieste nuestros ideales, etc., etc., etc.), aunque sólo seamos trescientos loquitos o parezcamos ingenuos. De este modo, la democracia no se desvirtuará, y se volverá directa y fuerte, como debe ser, en lugar de convertirse en un anexo televisivo ! ! ! ! ! ! ! ! ! !

Lógicamente, tal cambio de actitud conllevaría, o debería implicar, un cambio en el de sistema político, para poder acompañar de manera justa a todos los individuos en el proceso democrático, por ejemplo, descartando el modelo presidencialista, pero desarrolar esto es demasiado extenso y obliga a otro artículo...

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