Hola!
Con esta subida tan abreviada, los invito a unírsenos en este movimiento tan particular y constructivo que es el de los Libros Libres.
Y como muchas veces una imagen vale más que mil palabras (aunque otras no, y por eso liberamos libros en lugar de álbumes..., jejeje):
"Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo... y por los mismos motivos" George Bernard Shaw
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sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 17 de diciembre de 2010
Escritura "vs"... mmm... perdón: "Y" Piratería
(Perfectamente traspolable a las otras artes también)
La piratería se basa en conseguir los objetos sin comprarlos. O haciéndolo ilegalmente, en mercados no oficiales. ...y aquí es en donde entra la figura de La Ley, y aquí es en donde empieza a confundirse todo.
El pirata no es criminal. Eso nos quieren hacer creer quienes dominan el mercado hasta ayer reinante a nivel planetario. Ellos, quienes ganan (y pronto dejarán de hacerlo) decenas de millones de dólares anuales basándose en una cultura de apropiación más que de atribución. Pues bien. Llegó nuestra hora.
La Piratería no es mala ni es buena "absolutamente". La Piratería sirve a unos intereses y va en contra de otros. Cabe en nosotros definirnos partiendo de la base de que la piratería es un hecho, más allá de las clasificaciones y los juicios. Y, una vez nos hayamos definido, juguemos su juego.
Si el “antes” ya está... (primero pagar, después recibir) ¡vayamos por el "después”! (disfrutar, y sólo después, si se quiere, merece, etc., contribuir): Acompañemos los tiempos que corren no limitando la distribución de nuestras producciones, ni poniendo los consumidores (felices) en contra de "nosotros", los productores (gruñones), sino que juguemos su juego poniéndonos del lado del consumidor (que es lo que en definitivamente somos nosotros el resto del tiempo que no estamos produciendo, eso es obvio) y confiemos profundamente en la buena consciencia del prójimo.
Las claves que guían mi pensamiento, y con el que no me ha ido del todo mal en la vida, son pocas y sencillas: Primero. Abracemos el cambio. Segundo. Seamos realistas. Tercero. Confiemos en los demás. Aquí les regalo un claro ejemplo de cómo ponerlas en práctica...
Yo fui -soy, es cierto, soy- pirata. El 99% de mi colección musical se vio incrementada gracias a internet. He mirado -me atrevo a decir- más de cien películas en línea. Y todos los días bajo los textos más variados de la red para mi propio solaz. Sí, soy pirata. Apuesto que también vos lo sos (y apuesto mucho, jeje). Así que ambos sabemos muy bien que lo que nos lleva a descargar archivos de internet es el disfrute. Buscar objetos en la red sin pagar lo que (dicen que) se debe pagar, no está guiado por la malicia ni por el lucro, sino más bien por la búsqueda de placer, conocimiento y hasta poder, si se quiere, (pero "poder" del rico en espiritualidad y no en dinero), del que se refiere al crecimiento personal, el poder-nosotros-mismos alcanzar una meta por nosotros mismos planteada...
En fin, muchas razones van apareciendo antes que las onerosas-capitalistas oscuras y vampirescas...
Es lógico. Prevalecen las personas honestas. Aun con su picardía. Aun con su “cuelgue”. Son más las personas a las que sí les importa el prójimo. Y no digo que "lo amen como a ellas mismas", como dicta el credo católico... eso es una utopía, o cuanto mucho, una iluminada excentricidad.
Estoy con quienes no pueden satisfacer su sed de arte ni conocimiento con el dinero que poseen sus bolsillos. Estoy con quienes no se resignan a esperar ganar la lotería para comprarse el último libro/disco/lo-que-sea de tal autor. Estoy con los que creen que todos deberíamos ser artistas. (Pero... si todos somos artistas... ¿de qué viviríamos? Jajaja, buena pregunta. También estoy con los que piensan que la sociedad encuentra su equilibrio finalmente, y también habrá gente que quiera ser sastre o docente... ¿Y por qué no sastre docente artista? ¡Me maravillaría!)
Al grano. Existe la piratería. La apoyo. Pero también debo buscar un medio de subsistencia de mi propia persona, como productor de bienes pirateables (léase literatura en mi caso). Lo que propongo a quienes me lean, y seguramente no soy el primero en hacerlo (de hecho, no serlo implicaría que la idea está más difundida de lo que cabe esperar, y eso es bellísimo...), es que ayudemos a la piratería, proveyéndole (dándonos) productos de mejor y mejor calidad. ¿Por qué? Pues porque lo que propongo es lo que han estado haciendo más que nada los programadores desde hace algunos años, pero que muy pocos intentaron con su arte y las otras formas de producción intelectual:
Difundir producción propia de manera libre y gratuita, proponiéndoles a los lectores-consumidores que, si les gusta la obra, donen una suma ínfima a su productor (detesto decir creador, me suena demasiado eclesiástico, pero bueno, suena lindo...) para colaborar con su causa.
No será mucho dinero, ni debe serlo, pero pensándolo bien, un autor literario por ejemplo... ¿cuánto cobra neto del precio de tapa de su propio libro? ¿Un 5%?, tal vez más, sí, ¡pero a veces menos también!. Lo que implicaría que de un libro vendido a $20,00 al público, luego de pagar publicidad, editores, distribución, imprenta, etc., etc., etc., nos quedarían apenas $1,00 como autores del mismo... (Siempre dependiendo del prestigio del autor en cuestión, ya que su nombre pesa en las ventas si es alguien conocido..., y, en ámbitos de circulación pequeños, las cifras son distintas, pero el radio de difusión/alcance de la obra es mucho menor también... aunque esto es para discutirlo en otra ocasión mejor, pues el punto quedó claro con lo poco que dijimos, ¿verdad?)
¿Acaso no está buena la idea? Eso sí. No es válida para escépticos del ser humano... puesto que ellos dirán que todo el mundo leerá los textos pero sólo sus madres y novias abonarán algo de dinero... En fin, el tiempo dirá...
Los dejo con ese pensamiento revoloteando feliz... y me voy a “liberar” un libro a un lugar público...
(¿curiosidad? entrá aquí...)
PD: Sí, ya sé que el mejor maestro es el ejemplo... aguarden, pues, que en unos días empezaré a colgar un ensayo bastante extenso en este misma página...
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sábado, 23 de agosto de 2008
"La Mejor Música del Mundo"
Hace poco, cenando entre amigos en la casa de un escritor conocido, éste nos explica:
- ¡¿Que si me gustaría vivir en Brasil?! ¿Cómo no habría de gustarme vivir en el pueblo que tiene la mejor música del mundo?"...
Pasó. No dije nada. Parte por la admiración que me despertaba su persona, parte por el placer de ir conociéndolo, atento y en silencio absorbente, a medida que barajaba sus palabras sobre la mesa de su sala, y parte, también, porque de buenas a primeras, suelo ser bastante crédulo y acrítico.
Pero la segunda vez que lo vi, aprovechando el clima cálido de una velada "bailable" (también en su casa), lo interpelé capciosamente cuando sonaba algo de música italiana de los setenta:
- Enrique, ¿No te parece un buen momento para poner la "mejor música del mundo"?...
Cuando, para mi sorpresa me responde:
- ¿Te parece que está el ambiente para un Johann Sebastian Bach? ...tal vez más tarde..."
- Síiiii, totaaaaaaaalmente - no me quedo atrás, obviamente... y lanzo mi hoy irrisoria, ayer bizarra, estocada:- ¡Pero la otra noche hablaste de la música brasilera como la mejor música del mundo! Y precisamente eso quería puntualizar: ¡¿Cómo alguien en su sano juicio puede decir que el tango, la bossa o el flamenco son las mejores músicas del mundo?! ¡Imposible! - Y ambos reímos de manera espontánea y cómplice.
Claro, mi bello interlocutor era escritor... ¿qué más podía esperar, que un diálogo rebosante de dinamismos descontextualizados, ¡...delicioso discurso a la deriva subvertido tan sólo por la estética fonética o la armonía semántica?!
Claro está que existe la mejor música del mundo, pero no lo son ni Miles, ni Vinicius... tampoco lo son Piazzolla o Camarón... ni siquiera Bach... Arriesgarla implica energía desperdiciada, esfuerzo infructuoso... o una sonrisa... aunque más no sea por esto último, lo intentaré:
La Mejor Música del Mundo, querido lector... sos vos.
- ¡¿Que si me gustaría vivir en Brasil?! ¿Cómo no habría de gustarme vivir en el pueblo que tiene la mejor música del mundo?"...
Pasó. No dije nada. Parte por la admiración que me despertaba su persona, parte por el placer de ir conociéndolo, atento y en silencio absorbente, a medida que barajaba sus palabras sobre la mesa de su sala, y parte, también, porque de buenas a primeras, suelo ser bastante crédulo y acrítico.
Pero la segunda vez que lo vi, aprovechando el clima cálido de una velada "bailable" (también en su casa), lo interpelé capciosamente cuando sonaba algo de música italiana de los setenta:
- Enrique, ¿No te parece un buen momento para poner la "mejor música del mundo"?...
Cuando, para mi sorpresa me responde:
- ¿Te parece que está el ambiente para un Johann Sebastian Bach? ...tal vez más tarde..."
- Síiiii, totaaaaaaaalmente - no me quedo atrás, obviamente... y lanzo mi hoy irrisoria, ayer bizarra, estocada:- ¡Pero la otra noche hablaste de la música brasilera como la mejor música del mundo! Y precisamente eso quería puntualizar: ¡¿Cómo alguien en su sano juicio puede decir que el tango, la bossa o el flamenco son las mejores músicas del mundo?! ¡Imposible! - Y ambos reímos de manera espontánea y cómplice.
Claro, mi bello interlocutor era escritor... ¿qué más podía esperar, que un diálogo rebosante de dinamismos descontextualizados, ¡...delicioso discurso a la deriva subvertido tan sólo por la estética fonética o la armonía semántica?!
Claro está que existe la mejor música del mundo, pero no lo son ni Miles, ni Vinicius... tampoco lo son Piazzolla o Camarón... ni siquiera Bach... Arriesgarla implica energía desperdiciada, esfuerzo infructuoso... o una sonrisa... aunque más no sea por esto último, lo intentaré:
La Mejor Música del Mundo, querido lector... sos vos.
lunes, 22 de octubre de 2007
May "the Force" be with you!
La constante exposición a excesiva información – que deja así de ser tal, para convertirse en ruido - conduce al desinterés y a la falta de atención. Ambos, fuentes de ansiedad y depresión que, además, nos aíslan en un individualismo único.
Planteemos las cosas de diferente manera, para no quedar encerrados en el camino único (de nuestra mente, y nada más que de ella, claro). Podemos pensar un mismo asunto desde casi infinitas posturas, es lógico… pero tomemos únicamente las pertinentes, ¿sí?.
Prosigo con mi ejemplo: La superproducción de información.
Atacamos a este supuesto monstruo apocalíptico porque nos lleva a la desinformación por el absurdo, es decir, por el por el camino contrario y menos esperado. Los medios nos aturden durante las veinticuatro horas, y como conclusión, nos volvemos sobre nosotros mismos, cerrando los sentidos a lo exterior – y no sólo referente a lo social – y liberando consecuentemente nuestras peores facetas como miembros de una comunidad desarrollada: el individualismo y el egoísmo.
Sin embargo, esta sobreproducción de datos (para formularlo de manera más apropiada) forma parte de un proceso mucho más abarcativo, mucho más… humano, al que le debemos mucho (sino todo) porque es el que nos ha traído hasta aquí:
Hay un ‹‹producir›› constante en nuestra Historia. La Humanidad no ceja en desplegar su carácter y comportamiento específicos por su entorno, vaya a donde vaya (no así, los otros animales, menos evolucionados que nosotros… limitados como están por éste).
Esta ‹‹fuerza conquistadora›› – por más aprensión que genere, tal es su función: Conquistar para Desarrollarse – igual (por algo será) que el capitalismo… –, posee dos corolarios inmediatos, el primero de ellos, es resultante de aquel efluvio de información (datos absurdos, innecesarios, que no dicen nada, nos confunden y nos pierden), y consiste específicamente en nuestro naufragio, diario y constante, en el torrente de textos que nos atraviesa frenéticamente y que nos deja girando en el lugar como trompos.
Sin embargo, lo anterior trae aparejado un segundo corolario: contraparte fructífera y casi mágica, como un hecho al que la palabra “rescatable” le queda chico…:
La fuerza conquistadora de la que hablamos, proviene de la misma naturaleza que hace emanar ARTE al Hombre por todos los poros…
¡En esta era ha habido tal desborde de producciones artísticas como nunca se hubo presenciado! Música, Letras, Estructuras multiformes, Imágenes estáticas y en movimiento, y sus innúmeras combinaciones… incluso, si bien el mercado ha inundado la civilización con su presencia, no menos incidencia tuvo el arte, su “hermana sabia”, que también ha sabido encontrar la forma de diseminarse en todos los aspectos de la vida del ser humano…
Todas estas formas artísticas de expresión, colman cualquier necesidad abstracta – por llamarla de alguna manera, sin entrar en confrontación con lo religioso, tópico que también abordaremos en sucesivas entradas en este blog, por supuesto –, sólo debemos re-descubrir la manera de hablarlas, en el lenguaje que nosotros mismos, en calidad de creadores, hemos inventado para ellas.
Visto y considerando que la superproducción de arte y la sobreproducción de datos (pseudo-información) conforman conjuntamente – aunque sin abarcarla en su totalidad –, lo que llamamos Cultura, es probable que valga la pena soportar la antedicha invasión abrumadora de ruido; y encarar así, el aprendizaje para el discernimiento (tal y como lo hemos estado haciendo con el lenguaje de las artes) necesario para poder convertir los “datos” en sumatoria conciente de “ruido” desechable, por un lado, e “información” útil y constructiva, por el otro…
¿No les parece que el precio por tanta belleza es válido?
d
Planteemos las cosas de diferente manera, para no quedar encerrados en el camino único (de nuestra mente, y nada más que de ella, claro). Podemos pensar un mismo asunto desde casi infinitas posturas, es lógico… pero tomemos únicamente las pertinentes, ¿sí?.
Prosigo con mi ejemplo: La superproducción de información.
Atacamos a este supuesto monstruo apocalíptico porque nos lleva a la desinformación por el absurdo, es decir, por el por el camino contrario y menos esperado. Los medios nos aturden durante las veinticuatro horas, y como conclusión, nos volvemos sobre nosotros mismos, cerrando los sentidos a lo exterior – y no sólo referente a lo social – y liberando consecuentemente nuestras peores facetas como miembros de una comunidad desarrollada: el individualismo y el egoísmo.
Sin embargo, esta sobreproducción de datos (para formularlo de manera más apropiada) forma parte de un proceso mucho más abarcativo, mucho más… humano, al que le debemos mucho (sino todo) porque es el que nos ha traído hasta aquí:
Hay un ‹‹producir›› constante en nuestra Historia. La Humanidad no ceja en desplegar su carácter y comportamiento específicos por su entorno, vaya a donde vaya (no así, los otros animales, menos evolucionados que nosotros… limitados como están por éste).
Esta ‹‹fuerza conquistadora›› – por más aprensión que genere, tal es su función: Conquistar para Desarrollarse – igual (por algo será) que el capitalismo… –, posee dos corolarios inmediatos, el primero de ellos, es resultante de aquel efluvio de información (datos absurdos, innecesarios, que no dicen nada, nos confunden y nos pierden), y consiste específicamente en nuestro naufragio, diario y constante, en el torrente de textos que nos atraviesa frenéticamente y que nos deja girando en el lugar como trompos.
Sin embargo, lo anterior trae aparejado un segundo corolario: contraparte fructífera y casi mágica, como un hecho al que la palabra “rescatable” le queda chico…:
La fuerza conquistadora de la que hablamos, proviene de la misma naturaleza que hace emanar ARTE al Hombre por todos los poros…
¡En esta era ha habido tal desborde de producciones artísticas como nunca se hubo presenciado! Música, Letras, Estructuras multiformes, Imágenes estáticas y en movimiento, y sus innúmeras combinaciones… incluso, si bien el mercado ha inundado la civilización con su presencia, no menos incidencia tuvo el arte, su “hermana sabia”, que también ha sabido encontrar la forma de diseminarse en todos los aspectos de la vida del ser humano…
Todas estas formas artísticas de expresión, colman cualquier necesidad abstracta – por llamarla de alguna manera, sin entrar en confrontación con lo religioso, tópico que también abordaremos en sucesivas entradas en este blog, por supuesto –, sólo debemos re-descubrir la manera de hablarlas, en el lenguaje que nosotros mismos, en calidad de creadores, hemos inventado para ellas.
Visto y considerando que la superproducción de arte y la sobreproducción de datos (pseudo-información) conforman conjuntamente – aunque sin abarcarla en su totalidad –, lo que llamamos Cultura, es probable que valga la pena soportar la antedicha invasión abrumadora de ruido; y encarar así, el aprendizaje para el discernimiento (tal y como lo hemos estado haciendo con el lenguaje de las artes) necesario para poder convertir los “datos” en sumatoria conciente de “ruido” desechable, por un lado, e “información” útil y constructiva, por el otro…
¿No les parece que el precio por tanta belleza es válido?
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