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viernes, 9 de julio de 2010

seda metálica, frescura, hallazgo, retirada.

descubriste todo absolutamente todo lo que era lo que me costó engaño y superación
tomaste mi mano cobijaste mis ojos tensa la piel
por el feroz contacto lloré…
desparramo interior y por fuera fusión

corrí luego, corrí porque decidí no posponer más nuestra partida, nuestro adiós…
(porque aunque los momentos restaban… el ansia de mi regreso fuera de ti gritaba mi ciudad por todos los poros, ¡qué fuerte! ¡qué hondo!)
no pude darte, ni darme, las gracias. (ni explicaciones) todo absolutamente todo fue interpretado erróneamente entonces… aunque espero que no… o no todo, o no tanto…
descubriste mi inocencia y mi ingenuidad de niño sabio de libros,
¡mas no de libertad!

otra vez fuera del cascarón de la racionalidad, de lo explicable, del yo otra vez fuera, golpeando a toda voz mi entrada, mi salvación,
que no es sino perdición, y un otro encantado manto que aguarda con paciencia a otra vez desasirme de la helada llama de lo real, de lo sensible.
de la vida.

sábado, 29 de agosto de 2009

Como si nada fuera...

Como si nada fuera, él tiende su mano hacia ella. La toma. La huele. Extraña aquel otro olor… ¡extraña tantas cosas! Una tristeza constante lo subsume. Intenta, pues, acogerse al calor de esta nueva piel, de estos nuevos ojos que lo miran. Intuye nuevos desastres, futuras lágrimas…

martes, 5 de febrero de 2008

Rompiente

El costado -somnolencia por la que flamea el obrero hacia el sueño reparador- del cerro, hace las veces de tobogán de lluvias, y el aguacero se desliza sobre él con un irreprimible sentimiento de inexorabilidad y arrepentimiento...
La sudorosa y agrietada garra de hombre utiliza una saliente filosa que asoma junto al lecho de la cascada sin edad y sin nombre, y empuja el cuerpo ágil pero ya abatido de su dueño, hacia arriba, en el intento final de ganar la cumbre, el descanso.
Como un obsequio largamente esperado, y con creces merecido, una pincelada de anaranjada luz crepuscular -desde más allá de las gotas insistentes que resbalan sobre rocas, verdes, hombre-, tiñe el rostro directo del que sube desafiante. Un escaso baño solar va abarcando cada porción humana con servicial recibimiento, conforme la figura conquista la cima.
El hombre, como la lluvia, cae al suelo, se transforma.
El hombre, como la lluvia, una vez en la cima, ha muerto.

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